El mensaje de las diez de la noche
Su cliente escribe cuando puede, no cuando usted abre. El que contesta al día siguiente llega tarde: ya le respondieron en otro lado. Nadie lleva la cuenta de esos, porque nunca llegaron a ser clientes.
Simetra
Su negocio pierde dinero en los huecos: el mensaje que nadie vio, el dato que alguien captura a mano, la factura que nadie abrió. Nosotros los tapamos.
Lo que nadie está anotando
Ninguna de las tres duele el día que pasa. Duelen al año, cuando ya no se pueden recuperar.
Su cliente escribe cuando puede, no cuando usted abre. El que contesta al día siguiente llega tarde: ya le respondieron en otro lado. Nadie lleva la cuenta de esos, porque nunca llegaron a ser clientes.
Pasar datos de un lado a otro, llenar el mismo formato, armar el reporte del lunes. Trabajo que alguien de su equipo hace todos los días y que no vende nada.
Miles de comprobantes al año y dos personas para revisarlos. Se revisa una muestra y se firma. Lo que no se revisó no existe — hasta que existe.
Antes de seguir leyendo
Si contesta tres mensajes al día y factura veinte veces al mes, no nos necesita y se lo decimos de frente. Un sistema así se paga con volumen, y usted todavía no lo tiene.
Qué hacemos
Sin nombres técnicos todavía. Primero lo que pasa; los nombres van más abajo.
Cómo se ve en la práctica
El abogado abrió su teléfono a las 8:50 y la cita ya estaba puesta, con el resumen listo.
Las cuentas
No hace falta que funcione perfecto. Hace falta que recupere unos cuantos de los que hoy se están yendo.
Los corchetes se llenan en la primera llamada, con sus números y no con los nuestros. Si el resultado no le parece razonable, ahí se acaba la conversación.
El miedo más común
La pregunta que siempre sale es qué pasa cuando alguien pregunta algo que no debería contestar una máquina. La respuesta es que no lo contesta.
El segundo miedo
Usted puede abrir cualquier conversación, de cualquier día, y ver exactamente qué se dijo, qué se agendó y por qué se tomó esa decisión.
Quién escribió, a qué hora, qué se respondió.
Qué se agendó, qué se guardó, qué se envió.
El sistema solo toca lo que usted autorizó que tocara.
Ahora sí, los nombres
Si llegó hasta aquí ya entendió qué hace el sistema. Estos son los términos que va a escuchar en el mercado, para que sepa de qué le están hablando.
Inteligencia fiscal
Aquí es donde la revisión por muestreo se acaba. Se procesan todos los comprobantes del periodo y sale un documento con cada hallazgo, su monto y el CFDI exacto donde está.
Emitidos y recibidos, contra lo que efectivamente se pagó.
Proveedores en el radar del SAT, cruzados contra su operación real.
Percepciones, deducciones y su reflejo en los comprobantes.
Lo facturado contra lo bancario, renglón por renglón.
Cada uno con su documento fuente. Nada sale sin respaldo.
El sistema encuentra y ordena. Quien firma sigue siendo el contador.
Producto funcional con datos de demostración. El criterio fiscal permanece bajo revisión profesional.
Conectado con lo que ya usa
Se conecta a las herramientas que su equipo ya abre todos los días. Si usa algo que no está en la lista, se revisa en el diagnóstico.
Ejemplos de aplicación, no casos de clientes.
La consulta llega ordenada.
Se capta el prospecto, se clasifica el asunto, se piden los documentos de siempre y el abogado abre un resumen, no una conversación de treinta mensajes.
La agenda deja de depender de una persona.
Preguntas frecuentes, captura inicial del paciente, cita y recordatorio. El personal entra cuando el caso lo pide.
Se revisa todo, no una muestra.
CFDI, conciliaciones y validaciones procesadas completas, con los hallazgos ordenados para que el contador decida.
Ningún prospecto se queda sin seguimiento.
Calificación, actualización del CRM, seguimiento a los que no contestaron y agenda para los que sí.
Cómo trabajamos
Nos sentamos a ver cómo funciona hoy. Salimos con el proceso que más le está costando, medido.
Se escribe qué va a hacer el sistema, hasta dónde, y en qué momento entra una persona. Usted lo aprueba antes de que se construya nada.
Se construye y se conecta a sus herramientas. No se toca nada de lo que ya funciona.
Se prueba con conversaciones y documentos suyos, no con ejemplos. Se ajusta hasta que responde como su gente respondería.
El negocio cambia y el sistema también. Se revisa, se afina y se corrige lo que salga.
No. El sistema trabaja sobre el número que sus clientes ya tienen guardado, y usted puede seguir escribiendo desde su teléfono como siempre.
Solo puede decir lo que se autorizó por escrito en el diseño del flujo. Fuera de eso no improvisa: pasa el caso a una persona suya. Eso se prueba con casos reales antes de que hable con un cliente.
Se decide con usted. Hay negocios que prefieren decirlo de entrada y otros que no. Lo que no hacemos es que el sistema afirme ser una persona si le preguntan directo.
Se guarda lo necesario para operar y nada más. Usted define a qué herramientas puede entrar el sistema, y cada acceso queda registrado.
Depende del proceso, y sale del diagnóstico con una fecha. Lo que no hacemos es arrancar por todo a la vez: se empieza por un proceso, se prueba con clientes reales, y de ahí se suman los demás.
No. Si llegó hasta aquí, ya sabe lo suficiente. El resto lo operamos nosotros y usted revisa resultados.
Cuéntenos cómo funciona hoy. De esa conversación sale el diagnóstico, y de ahí ya sabremos si tiene sentido o no.